MÉTRICAS PERSONALES: por qué es fundamental que mida lo que le importa.
- Eduardo Delvo

- 3 dic 2020
- 5 min de lectura

¿CÓMO ES POSIBLE QUE LLEGÁRAMOS A ESTO?
Una pareja en una de sus últimas noches. Él solía esperarla con un plato de comida humeante, ensalada de tres colores, un té digestivo, y cerca de viernes, una copa de vino; y ella, saliendo de la oficina, le escribía: “En 30 min te veo, mi amor bello <3”, pasaba a comprar el postre, y después de la cena romántica diaria, le masajeaba la espalda al amor de su vida. Ahora, él duerme en el sillón de la sala y desde la tarde se acuesta a ver televisión, se come una bolsa de frituras y se baja entera la botella de vino. Cuando ella llega y se topa al marido en semejante escena, le pasa directo y se dirige a la cocina en penumbras, ambos en absoluto y mortal silencio. Al cabo de diez minutos ella enciende la luz sala. Trae consigo dos platos con torta de huevo. Uno lo pone en la mesa frente al marido. “Para que no te agarren de cerdo para los tamales”, le dice. Él, sin decir algo, levanta la mirada, primero hacia el plato y luego hacia ella, los ojos vacíos. Se lleva un bocado a la boca y no tiene tres segundos de masticar cuando los dientes topan con una cáscara de huevo. Escupe la comida. En silencio se marcha a la cocina y desde ahí se escuchan un par de insultos y el ruido del plato chocando contra el suelo. Ella, sentada en la sala, las mejillas empapadas, lo único que piensa es: “¿Cómo es posible que llegáramos a esto?”.
UNA REALIDAD DE CAUSAS Y EFECTOS
Esa pregunta, que raramente hacemos cuando nada nos perturba, es la primera que se nos ocurre cuando el amor se extingue, cuando nos encontramos en una racha de días tristes, cuando el botón del pantalón resiste a abrocharse, o cuando llega una notificación del trabajo: DESPEDIDO. Si en el momento no vemos la respuesta, es porque hemos pasado algún tiempo sin poner atención, pues vivimos una realidad en la que todo efecto siempre tiene una causa. ¿Será valioso entonces observar de cerca las causas de los resultados importantes de la vida, y no sólo para detener a tiempo el deterioro de una relación, o la acumulación de muchos kilogramos, sino también para estimular el crecimiento en todos nuestros ámbitos? Veamos.
SOMOS LO QUE HACEMOS
Las acciones que tomamos nos hacen quienes somos. Piense en una persona a la que usted considera amorosa; visualícela un momento. ¿Qué la ve haciendo? De seguro la recuerda realizando actos amorosos: su madre horneándole el pastel de cumpleaños, su esposo acariciándole la cabeza mientras ven una película. Ahora piense en alguien a quien usted calificaría como violento. De nuevo lo que visualiza son golpes, gritos, insultos. De esta manera, el verbo ser seguido de un atributo no significa más que una acción repetida un cierto número de veces. Entonces, ¿qué somos? La respuesta es que somos lo que hacemos. Dicho de manera más precisa, hoy somos lo hemos hecho, y en el futuro seremos lo que hacemos de hoy en adelante. Si uno quiere ser más sabio, más inteligente, más saludable, más atlético, más honesto, más compasivo, o si quiere preservar su relación apasionada, la clave está en las acciones de cada día, porque sólo somos en la medida que actuamos.
UN CEREBRO TORPE ACUMULANDO DATOS
Quizás no muy reveladora, esa afirmación gana peso cuando pensamos en lo difícil que es actuar hacia las metas o los ideales que queremos. En el camino nunca faltan los desvíos, errores propios, miedos y pereza, encrucijadas en las que se nos olvida lugar de destino. Pero lo que termina siendo importante no es un desliz de viernes por la noche, y ni siquiera una semana sin energía, sino el patrón a lo largo del tiempo, el efecto acumulado de nuestras acciones. El cerebro humano, a pesar de especializarse en buscar y encontrar patrones, es torpe acumulando datos, por lo que las tendencias de nuestra vida al final se pierden en el tiempo y terminan aportando poco al entendimiento de las causas y los efectos. Prueba de ello es que si le pregunto exactamente cuánto se ejercitó, cómo se alimentó y cuán agradecido se sintió en las cuatro semanas de noviembre, lo más probable es que sólo tenga una idea vaga, y quizás también distorsionada; porque por un lado la memoria no es capaz de acumular ese tipo de datos, y por el otro, el ego o nos hace evaluarnos bajo una luz indulgente y nos da un resultado edulcorado, o nos escalda con críticas y comentarios destructivos.
UN REGISTRO OBJETIVO
Entonces lo que necesitamos es un registro externo, objetivo, que acumule y nos revele con detalle las acciones que nos tienen hoy donde estamos. Ese es el concepto de las métricas personales. Si me dice que se siente desanimado, sin energía, yo le diría que del último mes me muestre sus horarios de sueño, y la calidad de descanso de cada noche, todo lo que ha comido, cuántas horas se ha ejercitado, y el tiempo que ha socializado. Si sus respuestas son borrosas, las acciones para efectuar un cambio también lo serían. Pero si sus datos son específicos, con las horas a las que se acostó y se levantó, los alimentos diarios, los tipos y los tiempos de ejercicio (con el número de sets y de repeticiones) y el número de horas con amigos, pareja y familia, la respuesta de su estado actual sería obvia e inmediata, y el plan para sentirse alegre y enérgico estaría claro, un camino bien trazado.
MÉTRICAS EN TODO
Las métricas son un fragmento de información, que se observa y se recolecta fácilmente, y que revela mucho más de lo que se ve a simple vista. Piense en la frecuencia cardíaca. Si posa sus dedos sobre la arteria radial en la muñeca, y la mide en 75 latidos por minuto, esa sola información le revela que el sistema eléctrico de su corazón está en buen estado, que la tensión arterial en todo el cuerpo es adecuada, y que su sistema nervioso autonómico está funcionando normalmente. Como la frecuencia cardíaca son las métricas personales que le propongo registrar.
En todo puede encontrar una métrica que le permita no sólo comprender su estado actual, sino también planear su crecimiento futuro: aprender a tocar guitarra, la lectura educativa, la relación con sus hijos, su acciones compasivas, dolores sufridos, efectividad y liderazgo en su trabajo, comentarios positivos y negativos en su relación de pareja. En todo.
Las siguientes son algunas de las métricas a las que yo doy seguimiento. Registro la hora a la que me acuesto, y la hora a la que me levanto, y también hago una evaluación subjetiva de la calidad del sueño. Justo después me subo a la balanza y registro mi peso. Durante el día mido el número de horas de trabajo concentrado, y al final de la semana el número de páginas de lectura. También el número de acciones compasivas por día. De esta manera puedo ver siempre, o al menos casi siempre, mi propio comportamiento de una manera objetiva, y las tendencias de mi vida desarrollándose frente a mis ojos, de dónde vengo, en dónde estoy, y hacia dónde quiero ir.
La máxima es esta: Lo que no se mide no se mejora, se mejora lentamente, o simplemente se empeora. Le propongo que mida algo, un parámetro que le dé evidencia de por qué está donde está y de cuánto está avanzando hacia una vida feliz, con sus talentos realizados y rodeado de la gente que usted más quiere.



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