9 datos para entender la felicidad en el cerebro.
- Eduardo Delvo

- 25 nov 2020
- 7 min de lectura

¿Por qué la felicidad del título de la U, del viaje a Suramérica, del Iphone X, es tan efímera y pronto nos encontramos deseando nuevas cosas para ser felices? ¿Por qué recordamos y nos fijamos más en lo negativo y hacemos a un lado todo lo que tenemos para agradecer y celebrar?
Le comparto 9 datos sobre cómo funciona la felicidad en nuestro cerebro. Con ellos estará en un mejor lugar para acercarse a lo que todos buscamos.
1. ADAPTACIÓN HEDÓNICA
“Cuando me gradúe del colegio mi vida será feliz. Oh, bueno, no, será cuando me gradúe de la universidad. No, no, cuando consiga un trabajo y sea independiente. Bueno, cuando sea emprendedor. No, es la casa, claro, cuando tenga mi casa propia... Los hijos... El carro nuevo... El viaje a Tailandia... ¡Ya sé! Cuando me pensione...” Y sí, todo eso nos da una dosis de felicidad, pero pronto nos damos cuenta de que lo nuevo se vuelve normal, común y corriente, y nos sentimos igual que antes, de nuevo deseando algo más para ser felices. Nos adaptamos a lo que sea, lo bueno y lo malo. Si tuviéramos un accidente y quedáramos en silla de ruedas (toquemos madera), la adaptación hedónica nos hace rebotar y somos capaces de seguir viviendo. Lo curioso es que lo mismo pasa con la lotería. Ganamos el gordo navideño, y algún tiempo después el júbilo se ha esfumado y todo el dinero resulta normal, lo de siempre. ¿Qué puede hacer? Resístase a poner la felicidad en el futuro, en alguna compra, o en cualquier cosa que no tenga ahora, y dese cuenta de que la felicidad es ahora, con lo que hay, con lo que es y tiene, o entonces no lo es nunca.
2. SESGO NEGATIVO
Nuestro cerebro está hecho para ceñirse con los punto negros. De un paseo con la familia recordamos más el 5% que salió mal, los platos rotos, las discusiones, las palabras groseras, que todo el enorme 95% que fue lindo, las carcajadas, la comida rica. Y en general de la vida, hacemos el mismo balance. En un momento dado lo que sí va bien, desde de tener comida en la mesa hasta el simple hecho de estar respirando, todo eso queda hecho a un lado, a veces ignorado. Esto es cuestión de sobrevivencia. Para los humanos ancestrales, olvidar lo positivo—la localización de unos arbustos de moras suculentas—era a lo mucho una oportunidad perdida. Por el contrario, olvidar lo negativo—la localización de una manada de hienas—significaba la muerte. Lo negativo deja una marca más profunda en la memoria, y es lo que siempre nos va a captar de primero la atención. Así es y siempre va a ser así. ¿Qué hacer? Lo primero es saberlo y luego y, luego, prepárese para caer encima a todo lo negativo con una tonelada de recuerdos positivos, y voltee siempre la mirada hacia donde el cielo aclara y el sol resplandece.
3. LEY DE LOS RENDIMIENTOS DECRECIENTES
Viendo Trainspotting, cuando adolescente, mis amigos y yo comentábamos: “Wow, la heroína da tanto placer, que ya luego la persona ni siquiera siente placer con un orgasmo”. Adolescentes, nos sorprendía la idea de algo que le hiciera perder al sexo su gracia. El sistema de placer en el cerebro es una región delicada. Puede decirse que si se la usa mucho llega a gastarse y a no funcionar correctamente. Esa es una explicación a los adagios universales de siempre actuar con moderación. La primera torta chilena sabe rica, la segunda no está mal, pero la tercera lo hace querer vomitar. Esa es Ley de los rendimientos decrecientes . En Netflix, el primer capítulo de una serie es chiva, el segundo también, el tercero ya empieza a dar dolor de cabeza, en el cuarto me siento pesado en la cama, en el quinto me siento culpable. Si bien la felicidad no es sólo placer, el placer sí nos da felicidad. ¿Qué hacer? Para sentir la mayor cantidad de placer posible, consuma y actúe con moderación.
4. ¿CÓMO EVALUAMOS LA FELICIDAD?
La felicidad la evaluamos de dos formas. Una es la satisfacción con la vida y la otra es la estabilidad emocional. Si usted tiene dos doctorados, y ha publicado cinco libros en su campo, viaja todos los años a conocer las culturas antiguas del mundo, cuando reflexione sobre su vida, dirá: “Ah, me esforzado, he dado lo mejor de mí, me he autorrealizado.” Pero si en el paseo por Egipto, el sol lo molesta, se enoja con el guía turístico y se impacienta cada vez que su esposa le pide un favor, y de regreso en el país, no tolera ni un segundo la monotonía, la inestabilidad de sus emociones le hará difícil afirmar que lleva una vida feliz. Ahora el ejemplo contrario. Si usted es un pan de Dios, nada lo incomoda, nunca se molesta, nunca se impacienta, se sentirá tranquilo, complacido y verá los atardeceres desde su jardín con gusto. Pero ahí, siempre se va a enfrentar con la pregunta: ¿Qué he hecho con mi vida? Si lo que tiene para responderse es “no mucho”, toda la tranquilidad bajo el sol naranja se quedará corta, y de nuevo le costará decir que lleva una vida feliz. ¿Qué hacer? Propóngase dos cosas: convertirse en todo lo que se es capaz de ser, y ante las emociones, enojo, tristeza, miedo, lograr ser elástico, maleable, y rebotar fácilmente a un estado pleno, tranquilo, ecuánime.
5. LA FELICIDAD EN UNA ESCALA
El zacate siempre se verá más verde en el jardín del vecino... Los éxitos de los demás más relucientes y las otras parejas más tiernas y amorosas... Para los humanos primitivos la sobrevivencia dependía del estatus. Quién era más, quién tenía menos, quién era el líder, quién era el más fuerte, quién recolectaba más frutos y cazaba más mastodontes. Como herencia, nosotros estamos obsesionados también con el estatus y no dejamos de compararnos. El lado negativo de esto es que nuestra felicidad deja de ser algo interno, un valor que solo es nuestro, sino que la valuamos por el lugar que ocupa en relación con la felicidad de los otros. Si de 1 a 10, yo soy feliz un 5 y todos los demás un 3, me siento genial porque soy más feliz que los demás. Si soy un 5 pero los demás un 8, me siento terrible porque soy menos feliz que los demás. Así, el 5 no vale siempre un 5 y el valor de mi felicidad varía según la felicidad de los demás. ¿Qué hacer entonces? Primero, sea conscientes de esto, y segundo, haga el esfuerzo más grande por que el valor de la felicidad se quede sólo adentro de usted mismo.
6. LA FELICIDAD RECORDADA
Lo felices que somos hoy se ve influenciado por lo felices que hemos sido en el pasado. Si tuvimos un fin de semana de película, hoy miércoles, lo recordamos, sonreímos y nos sentimos felices de nuevo. La felicidad recordada tiene algunos secretos que hay que conocerle. Los recuerdos que más importan son dos: el recuerdo más intenso y el recuerdo de los últimos momentos. Si mi fin de semana fue regular, nada especial, pero el domingo a partir de las cinco de la tarde pasé un rato increíble, el recuerdo de todo el fin de semana será un recuerdo más feliz. Por el contrario, si un fin de semana especial acaba con una noche de domingo de pelea, o de estrés, o de carreras, el recuerdo que queda de todo el fin de semana es uno de poca felicidad. ¿Cuál es el truco entonces? No es apuntar a una felicidad constante—es imposible—sino tener varios momentos muy felices, reducir al máximo los episodios negativos intensos, y cuidar mucho, y hasta planear con cuidado, los últimos momentos—los últimos momentos del día, del fin de semana, de las vacaciones.
7. EXPECTATIVAS, PLANES Y FELICIDAD
¿Hacer planes? ¿Para defraudarse? No, gracias. Tengo una amiga que dice eso. Y es cierto: la vida nunca sale como se la planea. Siempre hay desvíos, retenes, cambios de rumbo. Yo soy fan absoluto de los planes, y me siento mal cuando comienzo un día sin al menos un plan esbozado. Pero desde hace tiempo aprendí—no me quedó de otra—que una vez concluido el plan, uno tiene que entregarse por completo a la experiencia, sin expectativas, y mantenerse abierto aceptando, apreciando y hasta amando lo que suceda, como si eso que pasó al final es lo que yo quería que sucediera desde el principio; porque cuando nos aferramos a lo que queremos que sea, cuando tenemos expectativas, ahí sí nos estamos poniendo una trampa grande a nuestra felicidad. ¿Qué hacer? Planee todo y lleve su vida más o menos a donde quiere estar, sí, pero al mismo tiempo viva sin ninguna expectativa. Epicteto decía: “No busque que los eventos sucedan como usted desea, sino que desee que sucedan como ya suceden.”
8. DECISIONES Y FELICIDAD
¿Le ha pasado que quiere ver algo en Netflix y ordenar algo por Uber Eats, pero entre tantas opciones, no logra decidirse por una sola, y al rato, cuando ya lo logra, se queda con una leve inconformidad? Nuestro cerebro no sabe lidiar con tantas opciones. Las opciones son buenas: qué aburrido un mundo donde todo fuera blanco y negro. Pero el lado negativo es que cuando nos decidimos por algo, una carrera, una pareja, un destino de paseo, todas las otras opciones nos quedan rondando la cabeza y le restan valor a la opción con la que nos quedamos—terminamos insatisfechos. “Decidí estar con ella, pero ¿qué habría pasado con aquella otra chica?” “Este cel está chiva, pero aquel quizás tomaba mejores fotos”. Lo que hay que hacer es evitar que las otras opciones nos queden rondando en la cabeza. Investigue todas las computadoras antes de comprar una. No llegue a Netflix sin tener decidido qué película ver. Tenga muchos novios antes de casarse. Y cuando ya decida, no permita que le perturben las ideas de cómo sería si hubiese hubiese tomado una decisión diferente.
9. LA FELICIDAD EN PILOTO AUTOMÁTICO
Los seres humanos somos un puño de hábitos, acciones que repetimos todos los días, sin mucho pensamiento al respecto. Nos volvemos una especie de autómatas. En realidad no podríamos vivir de ninguna otra forma. Imagine lo que sería todos los días pensar cómo lavarse los dientes, abotonarse la camisa o cambiar las marchas del carro y majar los pedales. Esa es la vida, pero una consecuencia poco deseable es que el cerebro, al darse cuenta que no tiene que prestar demasiada atención al entorno, se escapa a las fantasías internas, recuerdos que masticamos una y otra vez, los futuros que deseamos, los que tememos. ¿Y qué termina pasando? Sentimos que nos perdemos la vida que tenemos al frente. Vemos el reloj a las 6 de la mañana y de repente son las 5 de la tarde, y sentimos que el tiempo, la vida, no nos pasaron por el cuerpo. Hoy es lunes, ya de repente es jueves. Enero y sin darnos cuenta ya es noviembre. ¿Qué hacer? Buda decía que “oler las rosas”, regresar a los sentidos, salirse de la cabeza... Poner más atención a cada momento.
Eduardo.



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